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De un proyecto de tesis para obtener el grado de ingeniería a una pequeña empresa con amplias posibilidades de crecimiento. Esa es la historia de Probionics, una firma dedicada al diseño y desarrollo de prótesis que tras sólo un año de existencia ya ha colocado 30 brazos biónicos a pacientes de diversas edades y estratos sociales.
| Según su director y fundador, ingeniero Luis Armando Bravo Castillo, después de alcanzar las metas trazadas para la tesis, que le dio el grado en Ingeniería Biónica por parte del Instituto Politécnico Nacional (IPN), rediseñó y realizó diversas pruebas de simulación al proyecto a fin de obtener mejoras al prototipo inicial, donde también fueron tomadas en cuenta las observaciones que los primeros pacientes hacían a la prótesis, y que sirvieron para incorporar innovaciones y mayor valor agregado al desarrollo. | | “Al principio el proyecto avanzaba de acuerdo al ritmo que le impartíamos, pero llegó el momento en que se desbordó. De hecho, el concepto de la empresa surgió a raíz de que muchos pacientes que se acercaban para adquirir una prótesis contaban con seguros de gastos médicos que a su vez requerían de facturas del costo del aparato, de modo que fue necesario constituir lo que hoy es Probionics”, comentó el egresado del IPN. Hasta el momento la empresa ha solicitado un par de patentes en torno a este desarrollo, aunque el dispositivo es tan complejo que se requieren de seis más para protegerlo en su totalidad, ya que es necesario realizar el proceso de patentamiento por cada uno de los sistemas que lo componen. El empresario explicó que la prótesis funciona por medio de señales eléctricas que emite la piel después de realizar una serie de contracciones musculares, efectos que son medidos a través de electrodos susceptibles de percibir el nivel de potencia y la duración de esos estímulos. “Con esos impulsos el paciente crea un tipo de código (como el Morse) para manejar su prótesis, de modo que con la combinación de contracciones es posible flexionar o extender el codo mecánico, así como realizar movimientos en los dedos de la mano. El objetivo es que los pacientes se adapten a las combinaciones de contracción muscular en tiempo e intensidad para realizar los movimientos adecuados de su brazo biónico”, puntualizó. Sin embargo, también el sistema operativo de la prótesis se ajusta a las características del paciente a fin de hacer el manejo más sensible, pues antes de programarlo es necesario considerar si su aplicación es a una persona obesa, esbelta o que haya pasado por un intenso programa de rehabilitación para adaptarle la prótesis. “Estamos trabajando en el desarrollo de un programa (software de control) más amigable que pueda utilizarse por aquellos ortopedistas que trabajen con los pacientes candidatos a obtener una prótesis, quienes son en realidad los encargados de mantener un seguimiento de la rehabilitación”, indicó Bravo Castillo. Las prótesis más completas realizadas por la empresa Probionics tiene un peso entre los 610 y mil 100 gramos cada una, a diferencia de los tres kilogramos que ostentan los productos líderes en el mercado con características similares, de origen alemán. Esta ligeraza es obtenida por la utilización de nylon, aluminio y fibra de carbón como materia prima, además de reducir el tamaño de los componentes y mecanismo hechos con acero inoxidable y cobre. También cuenta con una batería de ion-litio y un comparador de energía que ayuda al paciente a determinar si requiere de una nueva recarga. De acuerdo con el directivo de Probionics, para considerar su prótesis como un producto apto para el mercado es preciso realizar diversas evaluaciones a fin de que sea aprobado por la Secretaría de Salud, y en cuyo caso el cliente final no serán los pacientes que en estos momentos han probado el desarrollo de origen politécnico, sino aquellos centros de rehabilitación o casas ortopédicas que atienden personas que han pasado por alguna amputación o nacidos sin extremidades. Por el momento, la firma continúa realizando ajustes a su desarrollo y lo ha sometido a concurso para aplicar en el programa Avance Ultima Milla, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, con la intención de allegar mayores recursos para su futura introducción al mercado internacional. Héctor de la Peña |